
Darren Aronofsky, director de películas como Pi: the Order of Chaosy Requiem For a Dream, da la impresión, en cierto sentido, de experimentar de nuevo con la tónica de su película The Wrestler exponiendo un mundo entre bastidores.
A diferencia del atrevimiento arrebatado en sus cintas anteriores, en esta ocasión Aronofsky es cauteloso de no mostrar más que lo necesario para comprender el contexto de la historia. Cada una de sus películas es diferente a la anterior; el encanto de su más reciente producción Black Swan, radica en un estilo fusión de drama-horror, ubicado en el mundo del ballet, concebido por la mayoría como el de dulzura y belleza.
Natalie Portman personifica a Nina Sayers, una exquisita bailarina neoyorkina atrapada en patologías dérmicas por estrés a causa de una madre opresora y el deseo de perfección técnica, el cual estorba la expresión del sentimiento artístico. El nuevo director francés, de la compañía de danza exige que Nina permita a su propia mente la liberación del espíritu avasallador que el frágil cuerpo de la bailarina encierra. La historia se encuentra aderezada con rivalidad entre la protagonista y Lily, encarnada por Mila Kunis, otra bailarina recién importada de San Francisco, cuya soltura y naturalidad compensan su poco sofisticada práctica del Ballet.
La protagonista de la historia carga sobre sus hombros la responsabilidad de suplantar a otra bailarina mayor (que hasta entonces ostentaba la corona de ser la mejor), también el hecho de tener el rol principal en la peligrosa versión diferente de un clásico de la danza, así como la poca capacidad para relacionarse con otros individuos. La presión deriva en alucinaciones esquizofrénicas que se manifiestan en genialidad artística.
La dirección de actores, desde el punto de vista cinematográfico, está muy bien lograda. Es posible que en algunos casos el espectador relacione la presión del mentor, para que Nina se “suelte” desde lo más profundo de su libido, con acoso sexual por parte del jefe laboral/maestro desde su postura de poder.
El director de la compañía de danza, Thomas Leroy, es personificado por Vincent Cassel, a quien recordamos con su excelente capacidad histriónica presentada en el filme Irrebersible (Gaspar Noé, 2002). Por su parte, Natalie Portman realiza un papel excelente, que incluso hace pensar que son actrices distintas las que se desenvuelven en las diferentes facetas de la personalidad del atormentado personaje que representa en esta ocasión.
Varios asuntos de realización, son dignos de mención. La puesta en escena es refinada, el uso de los colores y la iluminación, así como el maquillaje y ambientación dan el tono perfecto para el argumento que co-escribieron Mark Heyman, Andres Heinz y John McLaughlin. Los efectos visuales son de Collin Bachman y la composición digital le pertenece a Derek Bird. La Música fue responsabilidad de Clint Mansell, quien ya había colaborado antes con Aronofsky en Requiem… y The Wrestler. Cabe resaltar la participación del gran pianista de jazz Arkady Figlin con ejecuciones muy notables.Black Swan se estrena en cines en México esta semana.
Por: Patricia Godínez
Comentarios
Publicar un comentario